Biblioteca o sala de estudio, he ahí la cuestión

Actualmente no tienen cabida y no suelen existir las bibliotecas herméticas, lugares llenos de libros polvorientos dónde solo puede entrar gente con pinta de intelectual y, para completar el tópico, encontramos a un viejo bibliotecario con cara de pocos amigos custodiando todo, dedicado a sellar grandes libros y mandando callar a los revoltosos.
Al menos en el caso de las bibliotecas públicas, ya no ocurre nada de esto y hasta las bibliotecas especializadas y universitarias tienen una imagen muy distinta.
Hace ya tiempo que las bibliotecas públicas somos lugares de encuentro dónde puede acudir todo el que quiera, desde los cero hasta los cien años o más. Y eso vale tanto para los que buscan conocimientos, como los que tan sólo quieren entretenimiento; para grandes lectores o aquellos otros de lecturas esporádicas; amantes del cine y de la música; gente con ganas de aprender y estudiantes con necesidad de aprobar y hasta algunos que hacen de la biblioteca su segunda casa, por gusto o incluso por necesidad.
Por ello las bibliotecas públicas se convierten unas veces en ludotecas, otras en escenarios de teatro, incluso locales de actividades culturales diversas y como no, también en salas de estudio. Por qué aspecto se incline cada una dependerá en parte de sus recursos, pero sobre todo de las necesidades de la población donde se ubica.
Por eso en nuestro caso, cuando se produjo el cambio a la actual sede (hace ya 17 años), se pensó que las necesidades de nuestra localidad, con un elevado número de población escolar desde el colegio hasta la universidad, eran contar con un espacio adecuado para el trabajo y el estudio, a la vez que se cumplían las funciones básicas de una biblioteca.
Pero compaginar una biblioteca abierta y activa con una sala de estudio, es a veces extremadamente complicado pues, entre los que buscan un sitio tranquilo para estudiar siempre habrá quién considere el nivel de ruido inaceptable y, en el otro extremo, los que acudan por ocio se sentirán cohibidos e incómodos en un ambiente extremadamente silencioso dónde casi no se puede abrir la boca, una imagen demasiada cercana al tópico del que hablábamos al principio.
Pues a pesar de todo esto, con mucho esfuerzo y paciencia creemos haber conseguido un inmejorable ambiente de trabajo, sin renunciar a que la biblioteca siga teniendo un buen número de préstamos y una variada oferta de actividades (club de lectura, libro a domicilio, visitas escolares…), aparte de toda la agenda que ofrece la Concejalía de Cultura (teatros, conferencias, presentaciones de libros…)
Y cómo nos lo hemos planteado, es así de sencillo y complicado al mismo tiempo: el silencio y la tranquilidad en la sala parece que nos contagia a todos, desde el estudiante que más lo necesita por los nervios del próximo examen, pasando por los que acuden a leer y hacer consultas, o los que hacen el típico trabajo escolar con cartulina, fotos y mucho pegamento y hasta quien viene a llevarse un libro y al final se olvida de las prisas para elegir tranquilamente. Incluso los más pequeños se han acostumbrado a éste ambiente y saben que cuando están de visita con el colegio, es un día especial, una excursión, casi una fiesta; pero que cuando acuden con sus padres, deben estar calmados para poder leer tranquilos, elegir un libro y una película, e intentar no molestar demasiado a los demás. Algunos pequeños tienen tan bien aprendida esta lección, que no es raro verles reclamando a sus papás o mamás para que dejen de usar el móvil o para que no se pongan nerviosos cuando el trabajo de clase no está saliendo como ellos quieren.
Este silencio y tranquilidad animan y mucho a ocupar la sala desde el primer minuto de apertura, hasta el último antes del cierre. Toda esa población escolar, desde primaria, pasando por secundaria, bachillerato, universidad y hasta los opositores, tienen cabida en los 84 puestos de lectura y estudio (de la sala general e infantil) que cada día se ocupan en mayor o menor medida, tanto en los más tranquilos del verano, pasando por el principio de curso, el período de trabajos escolares y de las lecturas obligatorias de clase y hasta llegar a los apretones por exámenes de enero y mayo, cuando tenemos la más alta ocupación. Aunque de momento nunca hayamos tenido que colgar el cartel de completo, la opinión compartida por todos aquellos que nos visitan es siempre la misma: “da gusto ver a tanta gente trabajando en silencio”.
Todo esto ha convertido a nuestra biblioteca en el referente de la comarca y se ha corrido la voz de que aquí encontrarán un lugar excepcional para el estudio. Un buen número de chicas y chicos de todas las poblaciones cercanas a Torrijos se acercan cada día, (incluso mañana y tarde), y no les importa tener que hacerse unos cuántos kilómetros en vehículos particulares para llegar hasta aquí, atraídos por un horario de más de 60 horas de lunes a sábados y casi 300 días de apertura al año.
Así que, aunque la cuestión parece estar entre decidirse por una biblioteca abierta a todos y con una buena oferta de actividades, o por una sala con un ambiente enfocado totalmente al estudio, aquí creemos haber encontrado una solución intermedia que puede contentar a la mayoría. Si es lo que los usuarios necesitan y con el esfuerzo de todos se puede conseguir: ¿por qué no podemos intentar ser las dos cosas?.